A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


mayo 24, 2009, 3:58 pm
Filed under: General

Cuando el poeta Benedetti murió, las hojas de todos los árboles del planeta(acaso solidarios)empezaron a caer, a pesar de estar en pleno mayo.”¿Por qué parece que los árboles lloran?”,preguntó el niño.”Es la primavera mi niño, que acaba de quedarse viuda”, contestó el padre

P.D.:

este texto no es apto para
diabéticos… pero qué coño, Benedetti se lo merece,
por mucho exilio que llevara dentro, aunque a sus
primaveras se le rompieran las esquinas… yo siempre
lo sentí como un abuelito tierno,muy tierno, con un
gran bigote de marinero alemán, el cual todos creían
blanco por las canas… pero yo sé que no… en
realidad, su bigote era de nata montada



mayor no… sólo mayo
mayo 6, 2009, 2:16 pm
Filed under: General

El último abrazo fue como abrir la puerta de un frigorífico. Estabas “como ausente”, pero eso no me inspiró ningún poema. Me gusta que estés cuando te abrazo. Me gusta rodear con mis brazos y apretar contra mi pecho algo más que una sombra mojada.

¡Qué triste es sentir un cuerpo como una comida fría, como un acuario sin peces, una ducha sin agua caliente, una cerveza sin gas…!. ¡Qué triste son los ojos cuando al mirarlos te sientes como en un vagón vacío del metro, como hallar tus ventanas con las cortinas cerradas, observar un eclipse en cada uno de tus iris, mirar tus ojos y sólo ver dos maletas de viaje preparadas a las puertas de tu cara!.

No voy a facilitar tu huida pero tampoco entorpeceré tu vuelo. Porque el amor es un ave migratoria. Y porque prefiero un nido vacío que un nicho lleno.

En mi auxilio llegó el Correo. Por fin el pedido del Círculo de Lectores. De nuevo las letras acuden en mi ayuda. Abro el primero de los libros, me encuentro con sus surcos rectos, interlineados, plantados con sus semillas impresas y según correteo entre sus líneas vuelvo a sentirme como aquel niño corriendo entre filas de viñedos y cada palabra es un racimo de uvas negras. Cormac McCarthy arando a golpes secos de azada, Bernardo Artxaga metiendo cada semilla con la punta de su dedo, Stieg Larrson con su maquinaria sueca, Menéndez “Flowers” sembrando la biografía de Sabina a voleo… al final, un libro más, otro cultivo de pecados. Pero ellos me ayudan a no sentirme como uno más de “Los renglones torcidos de Dios”. Ellos me recuerdan que no estoy tan mayor… sólo que llegué a mayo.

Y en mayo no debería haber cortes en el suministro de la luz. Yo, que llevo mis recibos al día, ¡reclamo mi sol de bajo consumo! ¡por favor, qué alguien le pase al sol su dosis de metadona, lo necesito rehabilitado de tanta nieve, tanto invierno, tanta puta llamada Soledad, tanta tontería!… y que cumpla con su trabajo, que encienda mayo con sus flores, que caliente la calavera del planeta.

Quizás, algún día de estos, también a mis ojos se les caigan sus pétalos de cristal líquido, pero por ahora no pienso abortar la primavera. Seguiré regando mi buganvilla aunque se le haya quedado pequeña la maceta, aunque tenga que levantar el suelo de mi patio trasero y con pico y pala romper el maldito hormigón armado de tristeza. Seguiré fregando los cacharros, la vajilla, aunque todos los platos estén ya rotos. Y seguiré fumando. También. Porque mala yerba nunca muere, aunque mate.

Ya sabes, si te vas, déjame la puerta abierta, porque puede ser que la noche me haya perdido las llaves, puede ser que nuestras calles se hayan perdido en esta ciudad sin salida y puede ser que hasta la luna se haya fundido… pero es mayo, y en mayo, mi corazón – por cierto bastante vago- no piensa en hacer testamento.



mayo 3, 2009, 2:15 pm
Filed under: General

Anoche me alié con el viento y mientras él hacía limpieza general, yo ordenaba mi casa. El viento con su escoba sin mango barrió el polvo de los desiertos y levantando la alfombra del mar lo devolvió a su auténtico lugar. Yo, con mis manos llenas de tiempo, aproveché para cambiar la bombilla fundida sobre mi cabeza. Él, el viento, de un sólo soplido inundó de polen todos los relojes y yo aproveché para darle cuerda a los miércoles que tenía parados desde hace meses. Él, el viento, hizo danzar la ropa en los tendederos con sus sacudidas, mientras yo ponía otra lavadora llena de recuerdos. Él usaba las palmeras, húmedas aún de la última llovizna, como si fueran fregonas absorbentes y daba una pasada a las noticias sucias de miedo. Empujaba los ríos a seguir el cauce de su destino por encima de las carreteras. Y frotaba, frotaba y no se cansaba de frotar las antenas de las televisiones, las ventanas, los tejados, los carritos de los hipermercados… yo mientras, me frotaba los ojos, siempre con restos de sueños, mientras planchaba y doblaba todos los agüjeros que dejan los catorce de febreros. El viento, por último, al final de su jornada, fue recogiendo unas minúsculas y rezagadas nubes negras como pelusas desperdigadas por el cielo, dejando ver la cara de una luna, reluciente como una patena. Y ya que estábamos, yo aproveché para darle una manita de pintura con algo de maquillaje a su cara oculta. Je, je… la luna, entonces, rió, porque entre el viento y yo, le hacíamos cosquillas. Los hombres al levantarse esta mañana, dijeron: “Dios mío, cuánto desperfecto”… yo no dije nada. Salí a la calle sonriendo, mientras pensaba: “Qué bien, tengo otro día entero… y nuevo”

 

http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2539741