A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


Diciembre amanece
diciembre 9, 2009, 9:27 am
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            Otro amanecer pillándome el horizonte los dedos al abrirse de golpe. El sol llegó en taxi, con cara de no haber dormido bien. Llevo ya un buen rato esperando que mi perro suelte lo que tenga que soltar. Esta más estreñido que el muñecote “cagón” de los portales navideños. Sí, se acerca Navidad, un buen momento para romper “Christmas”.

                   Noviembre se fue como a la cola del paro. Pobre mes… eso de empezar celebrando el día de los muertos y de llevar una negación a principio de palabra, debe marcar… y no precisamente carácter. Ahora nos quedamos con este diciembre que  disfruta como funcionario, que es, de más festividades que nadie y encima con paga doble.  Llámese prejuicio, complejo social o cómo se quiera, pero a mi no me cae bien… en principio porque ni siquiera tuvo que aprobar unas oposiciones para ocupar la plaza de mes que cierre el año, qué va… se lo ganó por la cara, porque a unos Césares imperialistas les dio por ponerle sus nombres a  un par de meses estivales. Sí, me cae mal Diciembre y qué… joder con el perro, ni que tuviera los intestinos blindados.

                   Miro el mar, parece el parabrisas de un coche con sus cristales tintados, devolviéndome mi reflejo, como si no lo quisiera. Paseo por la orilla de este viernes del montón; un viernes ceniciento de nubes obreras asomando tras los dormidos volcanes de Lanzarote con sus uniformes color cobalto y carbón, recién terminada la jornada en esa cuenca minera que es la noche. No me cuesta empatizar con ellas, yo también recién acabé mi jornada, cavando por las galerías de mis oscuridades. La culpa la tuvo una pancarta frente a la ventana del lugar donde trabajo: “NOS KIEREN ECHAR A LA CALLE CON DOS HIJOS ENFERMOS”.

        Y me dolió ese trozo de tela rancia como sólo duele  una bandera blanca a los que la izan en rendición. Sí, toda la noche a pico y pala en la mina. No buscaba oro, no… ni plata, ni diamantes… buscaba ese mineral que es la ternura, para extirparlo de mis tejidos, de mis entrañas, de mis huesos. Quiero encontrar y eliminar esa parte enquistada de Humanidad que todavía sobrecarga mi esqueleto. Me merezco disfrutar del cinismo logrado  a base de juntar decepciones.

                   Las piedras del descampado, frente a los arrecifes, están mojadas. Alguien acaba de pasarle la fregona a este mundo, o ha sido el alba, que para despejarse tuvo que refrescarse la cara. La vida suele cambiarse de muda todas las mañanas, pero parece, hoy tuvo que contentarse con unas bragas usadas. Tendría toda la demás lenceria para lavar.  Coño… por fin!. Mi perro soltó toda su mierda. Justo a tiempo, pues me creía a puntito de tener uno de esos ataques de amor, de los que no cubre el seguro. Por fin  puedo ir a dormir y descansar un poco de mí.

                   Ahora que lo pienso… como estas Navidades no voy a tener un “pavo”, estaría bien que invitara a mi mesa a un banquero o a un empresario inmobiliario. Eso de comer “rico” por Navidad deber ser muy bueno para la salud.

                   Hummmm… qué bien, qué calentita esta la cama. Afuera, el día arranca sin ponerse el cinturón de seguridad.