A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


marzo 10, 2011, 3:39 am
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A estas horas, en algún lugar de este hemisferio o del otro, no sé, ya se estarán cargando los camiones o containers para traernos hasta nuestra isla algo de Primavera. Ya mismo, con un poquito de suerte, empezarán las abejas a darse de baja de las listas del INEM. Los adolescentes descargarán de su pene-drive los archivos atiborrados de hormonas. Ya estarán en los prados y descampados urbanos desperezándose, estirando sus pétalos las margaritas y otras flores silvestres… a simple vista, parecerán felices, risueñas… pero siempre habrá alguna margarita triste, melancólica… porque la pobre nació poetisa, y suspirará por parecerse al sol, por poder alargar sus pétalos hasta el infinito, hasta ser como finos hilos de seda, como imperceptibles rayos solares. La pobre maragarita poetisa comprobará más tarde o más temprano que no puede ser… y llorará como lloran las margaritas, dejando caer sus pétalos uno a uno, como níveas lágrimas deslizándose por las mejillas del viento. O algo por el estilo…

 

 

Quizás todo eso esté ocurriendo afuera, en este momento…Es que no lo sé. Desde aquí no puedo ver nada. Estoy sumergido bajo la falda de la noche, en sus profundidades submarinas donde, al fondo, parece abrirse la fosa abisal  entre sus muslos. Tiento en la oscuridad, haciéndome paso con la lengua y el olfato. Busco la “perla negra”, para relamerla, acariciarla como hizo Aladino con su lámpara hasta que escupa el genio de dentro; frotarla hasta conseguir transmutar la corriente alterna en continua, hasta hacer saltar los plomos, o conseguir que la central térmica que es su cuerpo desparrame electricidad, pura energía, por todo el universo… hasta eclosionar en ese orgasmo que muchos llaman “Amanecer”…

 

Ya mañana, cuando despierte, si me encuentro con fuerzas, quizás me ponga a repasar un poco más con el Derecho Penitenciario, o acaso la tomé con el Derecho Penal. No sé… ya veré como me levanto. Lo mismo, no hago nada y me voy a dar una vuelta con el perro por la costa, a hacer footing o simplemente a pasear,  a ver como crecen las margaritas. Quién sabe… lo mismo encuentro que el sol, allá arriba, por un día, no es otra cosa que una gran margarita con unos finísimos e infinitos pétalos como rayos ultravioletas… quién sabe.

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