A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


ANGELES EN SILLA DE RUEDAS
abril 12, 2011, 10:41 pm
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No me  gusta levantarme por la noche de la cama con sólo un veinte por ciento de mí despierto y el resto dormido. Pero qué importan los porcentajes si ese veinte por cierto desvelado, corresponde a la vejiga. Ella es el mayor porcentaje de consciencia y la responsable del deambular a ciegas, tentando la costumbre, la intuición y la premura, hasta llegar al cuarto de baño. Una catarata sonora de mercurio líquido consigue desperezar algo mis oídos, pero poco más. A los párpados no hay fuerza mayor que los separe. Así, a tientas, continuo con la expedición por el angosto pasillo, luego a la derecha bordeando la alacena y ya, a mano derecha de nuevo, llego a la cocina. Me gusta abrir el frigorífico, accionando el automatismo de las bombillitas camufladas en algún lugar entre las verduras y el embutido. No debe ser muy tarde pues el piloto rojo del lavavajillas sigue encendido. También parpadean los puntitos del reloj digital del horno. Así, en la oscuridad, parecen pupilas bañadas en sangre de acechantes alimañas. Impresionan un poco. No sería el primer humano atacado de noche en su cocina por sus propios electrodomésticos.

Enciendo un cigarrillo. El fuego, espanta a las bestias. Sentado en mi esquina de la cocina, con la candela de mi cigarrillo como único faro vigia, observo la cara de las palabras cuando el silencio manda a callar. En estos momentos sé que sólo soy un montoncito de sentimientos envueltos en papel de pellejo.

 Este invierno lo pasé en mi habitación de cemento bajo el mar. Hasta allí, poca gente se acerca, tan sólo me visitan, de vez en cuando, algún  ángel. Me gusta hablar con los ángeles, aunque a veces no sepa qué coño dicen. Nos une la misma caída. ¿Quién se iba a imaginar que al cielo le saliera una úlcera?…Cuando en este Planeta empezaron a descubrir el agujero en la capa de ozono ya fue demasiado tarde, ya algunos ángeles despistados habían caído al vacío. Es difícil acomodarse a la fuerza de la gravedad, cuando no se tiene costumbre de ser arrastrado en barrena hacia el suelo. Es difícil volar cuando el aire es un espacio aéreo restringido, propiedad privada de los medios de comunicación.

 Algunos cayeron de pie y otros tuvieron peor suerte. Algunos sufrieron una conmoción cerebral y despertaron con amnesia aguda… eso les ayudó a no echar de menos el vuelo, y pudieron adaptarse. Otros, todavía recordamos… y no sé qué es peor, si caminar sin levantar la vista del suelo, o ser un ángel en silla de ruedas.

  No te sirve de nada las alas cuando tienes que levantar un esqueleto de piedra, peso muerto, cuando temes aterrizar porque no sabes si podrás volver a levantar el vuelo. Las opciones fueron la amputación… y así al menos, poder usar las piernas y poder, aunque más lento, ir paso a paso; o batir el plumaje y ascender hasta no poder más, hasta la extenuación, hasta la caída definitiva; o esperar que el cielo baje a la Tierra, con el riego que eso conlleva de atrofia total de las extremidades coleópteras… Yo elegí la primera opción… no cabe vuelta atrás.

  Y así, entre visita de ángeles, tabaco y cerveza pasé el invierno, hasta que llegaron los besos abisales de mi compañera para avisarme que ya la primavera estaba puesta en la mesa del mundo y decidí salir de mi aislamiento. En fin, no sé por qué pienso ahora en inviernos. Es tiempo de soles y tengo uno, en top less, esperándome en la cama. Hacía allí regreso, ya despierto al noventa por cien. No voy volando sino a pie… pero llegaré. Me espera el edredón y las almohadas rellenas de plumas. Y mi compañera… profesora del vuelo raso, y un cuerpo de ALA DELTA.

 

 



RUTINA COTIDIANA
abril 2, 2011, 2:11 am
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– Todos los días me levanto cuando se acaban los sueños. A esas horas nunca ha salido el sol, todavía. Aprovecho para recoger las estrellas del tendedero, por si llueve de nuevo. Luego, antes de desayunar, doy de comer a los dragones coloraos. Desayuno café y cigarrillos. Por lo de la salud. Si a mi edad no me cuido yo, quién me va a cuidar.

 – Es probable, hoy utilice el coche también, pero sólo para desplazarme de un sitio a otro. Me niego a tratarlo de “tú” a “tú”, por mucha personalidad que digan poseer. Lo siento, pero no puedo identificarlo conmigo; para mí es una simple máquina. Una máquina de guerra, sí, pero una máquina al fin y al cabo.

– Los días laborables toca pagar mi libertad bajo fianza ejerciendo de preso. Cada vez está más cara la reinserción social. En concreto, mi trabajo consiste, prácticamente, en estar pidiendo disculpas a los adolescentes por haber madurado. Crecer es un pecado, todos lo sabemos. Un adulto “maduro” es el resultado de haber fracasado como joven. Oficio cansino el mío donde los haya… porque los menores siempre quieren más, no se conforman con ir regalándoles la Vida.

– Comeré, un par de veces, lo que me echen en la tele. Así aprovecho y me entero de lo que los demás  esperan de nosotros. Después de cada comida, me preguntaré bajito, al oído, si todavía me sigo queriendo. Ya llevo cuarenta y siete años conmigo, pero todavía me siento inseguro en esta relación.

– Al salir del curre, le haré terapia al rosal frente a mi casa. Necesito encauzar en positivo sus tendencias suicidas. Hace poco, sin ir más lejos, lo intentó cortándose el tallo, a la altura del cáliz, con sus propias espinas.

– Más tarde pondré una secadora con las lágrimas lavadas a mano, previamente. Quizás necesite ponérmelas mañana.

– Pero primero, no vaya a olvidarlo, sacaré al perro para que llene de graffittis todas las farolas y esquinas del barrio. Mi perro es de pura raza urbana.

–  En el paseo con el perro… aprovecho y pienso. Y mientras pienso, como me pilla de paso, tiraré piedras contra el mar, intentando  abrirle una brecha, para terminar rompiéndolo. Pensando y pensando, he llegado a la conclusión de que la forma más rápida de cambiar el mundo es destruyéndolo. También, ya que estoy, pienso sobre la pobreza. Decido entonces hacerme rico. Hacerse rico es la mejor forma de luchar contra la pobreza.

 – Va siendo hora de retirarse. Antes de acostarme, por si acaso esta noche sueño que vuelo, le daré unas puntadas a mi traje de super-héroe. Lo tengo desgastado por el uso. Quedaría fatal si al levantar las manos para alzar el vuelo saltara a la vista los boquetes que se me han abierto justo por las axilas.

–  Por último, instalaré altavoces en el silencio, para que se escuche bien. Recargaré de palabras mis bolígrafos, importante, por si, de pronto, tengo algo que decir.

-Hoy tampoco asesiné a nadie, así que me daré una recompensa y me comeré el corazón de mi cajita toráxica. Sigue siendo  un apetitoso huevo “kínder”… con sorpresa.