A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


junio 27, 2011, 10:36 pm
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Tiempo de indignación. Inyección de adrenalina en pleno kilómetro Cero de una juventud surgida del coma profundo. Un poco de suero de la verdad suministrado por vía pública. Treparon los PCs por las redes sociales y los peZqueñines escaparon de sus peceras y acuarios domésticos. Y fueron los rebaños de ovejas a manifestarse en la mismísima boca del lobo… y llegó el día donde todos-as fuimos un poco más jóvenes; el día donde nunca antes un silencio se había escuchado tan fuerte y tan lejos, donde la poesía se hace movimiento y esas cosas, bla bla bla… Es bonito ver a los versos moverse balanceándose, dando tumbos, como esos zombies de las pelis ochenteras, saliendo de esas tumbas encuadernadas que son los libros no leídos; versos que dan sus primeros pasos y ya desfilan gateando entre renglones de hileras humanas; van de una plaza a otra, dejando sus huellas sobre pancartas de cartón, sábanas blancas o cartulinas baratas. No se echan de menos las banderas.

 

Hay gente que dice lo que piensa, y hay pensamientos de muchos sabores. Existen pensamientos con sabor a menta, caramelo, cereales, naftalina, manzana verde, tabaco o almendras amargas. Hay pensamientos que huelen, a lavanda, a detergente, o a pañal mojado de bebé, a viejo, o incluso a podrido… pero huelen. Otros no. Puede haber hasta pensamientos con sentimientos… escritos en primera persona. Al igual que hay emociones de primera mano y otras emociones que se extraen directamente del molde y se sirven en bandeja, en frío o en titulares. Hay de todo… porque empieza a haber gente que no tiene de nada… gente a la que mucha poesía, sin al menos unas “papas arrugás”, no les dice nada.

 

Y es ahí, donde a mi yo matemático, no le salen las cuentas… Vamos a ver, en España hay cinco millones de parados. El 19J en las calles, más o menos, habrían dos millones de “INDIGNADOS”, sumando todas las grandes ciudades y pequeños municipios. ¿Dónde estaban pues, los otros tres millones?- se pregunta mi yo proselitista… y mi yo impulsivo se indigna, más si cabe, al no obtener una respuesta inmediata.

 

De ESTAR indignado a SER indigno hay apenas un paso; en ocasiones es cruzar una tenue raya mal señalizada, una frontera dibujada con el maquillaje corrido… o, simplemente es mantenerse “ a raya”, como si no fuera con nosotros la cosa. Mi yo fanático no entiende de estas razones, para él la línea está tan clara como si estuviera pintada fosforescente … pero pronto llega el yo empático (todavía con la llamada de “la crisis en directo”a Luis del Olmo publicada en youtube*) a recordarle que cuando una persona, sobre todo si es del sexo débil, es decir, varón (las mujeres si no han dejado que un indigno se la arranque de cuajo antes, poseen dignidad parar tirar carros y carretas), de más de cuarenta y tantos, al ser despedido de su trabajo habitual, no sólo le están quitando su medio de subsistencia, sino su orgullo… es decir, su dignidad. Y es muy difícil indignarse sin tal cualidad. Es muy difícil recuperar la dignidad perdida con las “labores” temporales de limpiar cunetas o asistir a cursillos de 80 h. para desempleados o quitar malas hierbas en descampados inhóspitos solo utilizados por los perros para defecar … ¿no sería mejor usar esas subvenciones de “caridad europea” para hacer algo dignificante, algo productivo, como por ejemplo empezar a aplicar de una puta vez en Canarias la “Ley de Dependencia” tal y cómo manda imperativamente dicha Ley?… ¿Es necesario denigrar, aún más, institucionalmente, a los parados excluidos del comercio humano?… entonces es cuando reaparece mi yo niño, mi yo más íntimo, y recuerda a mi padre, después de haber trabajado desde los 9 años como jornalero y peón de albañil, analfabeto, desempleado con 49 años, hundido en esas zanjas que abría un día para tapar al día siguiente, con su orgullo acompañándolo por los suelos cuando caía, completamente borracho, después de la falsa jornada e intentar ocultarse de su realidad en una mísera tasca, donde acudían los demás miserables del barrio… y nunca leyeron a Víctor Hugo.

 

Pero mi yo racional, no aguanta demasiado a mi yo sentimental su condescendencia para con las víctimas caídas en el victimismo. Postrarse rendido es sólo un motivo para tomar aire, respirar… respiración que sólo se justifica si es para volver a levantarse. Nada hay más digno que morir matando. Porque si desahucian la dignidad, piel que nos hace humanos, aparece por debajo el cuero curtido de la rabia animal. O debería aparecer, si tantos siglos de domesticación no hubieran conseguido su propósito de deshumanización.

 

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