A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


Siempre nos quedarán las putas
julio 7, 2012, 1:51 am
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Hoy toca despiojarse el corazón.

¿Qué fue de aquel aventurero decidido a emprender un viaje, si no épico, al menos iniciático?.

Fue… pero, poca cosa… un éxodo sin retorno; una diáspora de palomas mensajeras sin respuesta; una evasión masiva de sueños en una penitenciaria; una trashumancia de “oca a oca y tiro porque me toca”; un inmigrante ilegal de cercanías; extranjero de su propio destino; un poeta con más musarañas que musas; un pintor con muy malas pintas…

Como único superviviente de mi propio naufragio, así me encuentro hoy…   sujetándome a un bolígrafo a la deriva como un trozo de mástil flotante, en un mar de papel, noche y silicio. Me acojo a lo posible, a lo que puedo: la sombra de un café y un cigarro, con sus volutas de humo contorsionista como cordones blancos intentando anudar el viento. Me aferro al esqueleto del tiempo; a un horario clonado de siglos, de jornadas en serie con un empleo indefinido a sueldo insolvente. Me acomodo a una casa sin hogar; una mujer cargada de bombas y dos quistes por extirpar… Sí, ya sé, resulta deprimente. Ridículo, diría yo… patético, pensaría cualquiera, algo así como ser un pájaro con vértigo, Ícaro con miedo a las alturas, Hamlet con pánico escénico, Giacomo Casanova yendo a terapia de pareja; o el mismito Dios de moda, intentando psicoanalizarse.

De nuevo, siento la llamada del camino, siento sus tripas rugir con hambre de huellas. Dar un pasito hacía delante ahora, sería para mí como volar…pero; ¿Hacía dónde volar cuando el cielo es sólo otra pared con nubes de gotelet?… ¿Dónde… para no toparme con la Iglesia y su rebaño de hinchas; con las alimañas de manicura recién hecha; con los monstruos anunciados en TV; protozoos con derecho a voto; verdades de silicona…?

Parece… el viento insiste en empujarme siempre hacia la soledad. La soledad es ese agüjero abierto entre los pliegues de un mapa de carretera deteriorado por el mal uso y desterrado en la guantera. Siempre se corre el riesgo de caer por esos rotos, basta un mal paso, no seguir las indicaciones de los prospectos. Y desde luego, para mí, la soledad no es un lugar para hacer turismo, no es un “retiro espiritual” de los cojones. La soledad tiene residencia en un olvido ahogándose con sus propios recuerdos; se hospeda en hoteles para clientes invisibles; es el domicilio del silencio. Vivir en soledad, es como darte cuenta que por el mero motivo de seguir vivo, merecerías estar muerto.

Menos mal… siempre nos quedarán las putas.

 

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