A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


Toy tristón hoy…
agosto 15, 2012, 3:19 am
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Me levanté triste hoy, pero me alegré porque era domingo y porque no estuvieses a mi lado. Mi tristeza, ya sabes, es  tímida, insegura  y muy celosa. Volví a mis orígenes  tomando el café con Silvio Rodríguez y “Philip Morris”. He corrido mis cuatro kilómetros, a mi ritmo, sin prisas, sin ninguna marca por batir, sin más compañía que mi sombra, por cierto,  yendo ésta siempre por delante,  la “…japuta”.  Al regresar a casa he visto un par de mensajes en el móvil del trabajo pero responderé más tarde, cuando me haya untado suficiente protección solar factor 50, no quiero quemarme más de la cuenta.

Estoy triste, por eso he sacado a descongelar la pechuga de pollo, he puesto a recargar el móvil y dado de beber al geranio. Todo eso, antes de ducharme, masturbarme casi sin darme cuenta y… de vuelta a la ducha, por gilipollas. He puesto una lavadora y cogido la guitarra para desentumecer un poco los dedos y la mañana. Que no se me olvide luego, recoger el cargador del móvil y guardarlo en su sitio… media hora tardé ayer buscándolo. ¡Puta manía de dejarlo todo” tirao” por ahí, cojones!… Luego voy a darme un chapuzón al mar, a ver si así me pongo más “salao”.

En la playa, cerca de mi, conservando las distancias, cada cual en su toalla, una mujer algo mayor que yo y otra, algunos metros más allá, más joven. Ambas tan solas como yo. No les hablo por no molestar o no dar sensación de indigente sentimental. Aunque, la verdad, me muero de ganas por invitar a cualquiera de ellas a casa, algo de conversación, preparar una tortillita de papas – me salen muy ricas- y follar como náufragos aferrándose en un madero a  la deriva. Si pienso  que alguna de ellas también podría estar deseando compartir su soledad con alguien, y yo ahí, tonto de mi, bloqueado por absurdos prejuicios sociales, entonces me pongo más triste y rozo la zona de peligro de la autocompasión. Me niego a caer tan bajo y me doy  media vuelta, de espalda me levanto un poco el bañador para ir cogiendo colorcito en las entradas de los  níveos glúteos.

Sigo triste tras un frugal sandwich de atún y, de nuevo en casa, hago muñequitos de pasta de papel con esqueletos de alambre y músculos de periódicos viejos. De piel: cinta de carrocero. El alma, se las pego con cola de carpintero. Poco a poco, entre cigarrillos, cerveza y algo del “Puchero del Hortelano” voy lijándoles las asperezas y traumas. Los maquillo con pintura al agua y casi ya quedan preparados para salir a la calle tras una fina capa de barniz brillante contra el cinismo. Paseo al perro, a su ritmo, olisqueando a cada paso las aceras, los pies de la gente y sus huellas, las farolas y los recuerdos del olvido. Por mi parte, olfateo el crepúsculo y descubro el olor de la nubes a gotelet.

Estoy triste y por eso, aunque me cueste – cada vez me aprieta más los nudos en la garganta y en la boca del estómago-  me preparo una ensalada con todos los restos de hortalizas, melón, queso, nueces, pasas y el “Cabrón” de “Er Lichis”. He colocado el mantel de flores en la mesa de la terraza, con vistas al mar de azoteas del barrio. Interrumpe el teléfono con la voz de mi “ex” más reciente. Concertamos hacer un par de gestiones conjuntas mañana y termina preguntándome: “¿qué tal todo?”… “Bien, todo bien” respondo. También aparece con el cigarrillo de la sobremesa el vecino surfero  en la terraza adyacente y me grita: “¡Qué bien nos lo montamos, eh!”… “Se hace lo que se puede, lo que se puede”, acierto a contestarle, en mi tono, algo más humano.

Luego, pongo la tele pero le quito pronto el sonido y retomo la guitarra para malinterpretar la canción “que te follen” del omnipresente Lichis. Repito varias veces el estribillo y me levanto para ponerme un cubata de ron amarillo. Aprovecho para encender el portátil y ver una porno. Me masturbo, esta vez consciente, para no perder la costumbre. Por fin, me llega el sueño y caigo rendido en la cama, a gusto voy cayendo dormido, abrazado a mi tranquila tristeza.