A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


carne de cañón, fresca…
noviembre 20, 2012, 11:34 pm
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Todavía la melancolía no es tal como para escuchar a Alejandro Sanz, pero ya avisa y llega hasta las rodillas. Te llamaría si supiera cómo te llamas. ¿Por dónde andas?… Le he pedido a “Google” que te busque porque yo ando perdido. Busco gota de aire que rebose mi vaso. Busco ave de paso con billete de ida y vuelta. No prometo mucho, pero lo cumplo todo. Podría hasta creer en ti si fueras una diosa, y no te lo creyeras. Podría escribirte un poema si tú lo leyeras y me ayudaras a hacerle la autopsia. Si llegas por delante yo te cubriré la espalda. Nunca fui ningún mago pero si te sacaras el conejo de la chistera podría hacerte un buen juego de manos. No quiero que me ames, para eso ya estoy yo, y si me alcanzara el dinero hasta podría amarte, pero de eso no me hago responsable. Me basta con que me tengas un poco en cuenta y yo me encargo de tenerte hasta el coño.

A la sombra de un Laurel municipal espero a que el niño termine su entrenamiento de fútbol. A mi lado, un parque infantil donde las madres juegan con sus muñecos “pret-a porter”. A mi alrededor, las moscas no dejan de comerme, eso influye en que me sienta como una mierda. El dolor cuando se hace verbo es autodidacta y se conjuga siempre en primera persona: Tú.

Todos los caminos tienen su letra pequeña. Las calles resbalan con la grasa de las madrugadas; las ciudades están de visita y el mundo no tiene un domicilio fijo. El campo existe también, sí, pero está por Teruel, trabajando en un despacho. La primavera se cambió de chaqueta; el verano se quedó en la carretera; de invierno tengo llena la nevera… pero ahora es otoño y el horizonte, cada tarde, se quema. Las vacas gordas de antes, las engordamos con burbujas de frases hechas, recalentadas en microhondas. Ahora a las vacas flacas todo son pulgas, parásitos de portada y bichos del “glamour”, por mucho que ellas luzcan cual vacas sagradas en las pasarelas esas, con mucha tela marinera y pocas tetas. Por cierto, cómo les explico ahora a los niños que la leche ya no viene de la vaca sino de la soja.

Ahora que España ya no es un país, sino una “marca”, entonces ¿qué clase de producto somos?. Sin duda, productos perecederos, pero ¿qué más?, ¿debemos ir ya tatuándonos en el cogote “Made in China”?. Los hombres aprenden a llorar en seminarios de fin de semana, y las mujeres son de otro temario. Los jóvenes que tienen beca emigran a la infancia y los que no, a Alemania. Los viejos no importan, total sólo sirven para votar. Hay martes que se suicidan los lunes. La confianza no fía hoy y menos mañana. El afecto se cobra en efectivo. Los que tienen pasta tomarán té con mucho hielo, y los demás un cafecito, descafeinado y con azúcar amarga.

Sin embargo, no hay excusas que valgan. Yo soy el principal sospechoso de mis fracasos y nunca tengo coartada para cada vez que aparezco asesinado. Aún siendo como soy, un ángel en silla de ruedas, no dejo de dar mis paseos yendo de nube a nube de gotelé, sorteando las barreras arquitectónicas. No me rindo, insisto. Ya olvidé mis victorias porque a cierta edad recordarlas resulta de mal gusto, pero recuerdo cada uno de los fracasos, espero la revancha. Ya he apuntado mi alma en un gimnasio. Te espero, tengo preparada la mesa, tengo cervezas y de cena: carne de cañón, “mu” fresca…

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noviembre 9, 2012, 6:08 am
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Tal vez pude fantasearlo a la segunda cerveza,  aunque en realidad creo que empecé a inventarlo desde el SMS donde me invitabas a una copa . El caso es que, aun siendo la típica frase hecha, la realidad dejó KO a la ficción cuando las almohadas de mi cama cedieron bajo el peso de tu mestiza cabellera y dejaron impresa sobre las fundas el mapa de toda sudamérica.

Fui perfilando tus costillas en mi memoria mientras arrastraba la camiseta de manga larga y tus brazos se adelantaron erguiéndose como dos cuellos de cisne. No tuve que discutir con el enganche de tu sostén y mientras deslizaba los tirantes transparentes sobre tus hombros quise agarrarme a tus pezones como dos tizones incandescentes, hasta que el fuego consumiera mis huellas dactilares.

Tu torso sin ataduras ondulaba al paso de mi aliento como un desierto dejándose tallar por el ímpetu del levante. Tu piel de papiro oscuro olía como una calle de mis recuerdos sevillanos en un marzo anunciante de la inminente eclosión de las flores de azahar en los naranjos agrios. Mis dedos aprendían a caminar sobre tu espalda yendo de un lunar a otro y yo me sentía como un astronauta gateando de planeta en planeta. Un tatuaje de motivos tibetanos – dijiste- desde tu coxis se deslizaba sinuoso hacía tus caderas y  dejé reptar mi lengua por su trazado con la parsimonia de un recitado mantra.

Los pantalones de lycra se abrieron paso por tus piernas hasta el inevitable atasco de los tobillos. Ayudé en el proceso de desembalaje sin prisas innecesarias, hasta quedar sólo un tanga de algodón como última cáscara de tu fruto macerado; como la última aduana en el “tour” de suspiros y pálpitos. Ante tu ademán de desembarazarte de ella por tu cuenta y riesgo, raudo tendí a parar la osadía de tus manos. La bajada de bandera fue un acto de honor que me reservaba como un ávido sumiller a la caza del primer hálito fragante de tus feromonas fermentadas.

Se abrieron tus piernas y al fondo una palpitante y afilada punta de flecha negra me indicó un camino a seguir…

Ahora, no puedo dejar de rumiar esa tarde dominical y mis papilas gustativas no dejan de preguntarme por ti. Se acerca de nuevo otro fin de semana y como un colegial neurasténico me debato entre llamarte o ser coherente con todo aquello que traté de explicarte sobre no crearse expectativas  y demás tonterias que ni yo mismo  creía al descubrirlas saliendo de mi bocaza de pez bobo