A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


HOGARITMOS
diciembre 3, 2012, 11:32 pm
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Me fui a la cama en la “Pensión Triana” –regentada por el Sr. Ruibal- y desperté en el “Hotel Lichis”. Por fin pude dormir al contado y en andaluz. Fue un buen presagio abrir los ojos y la mano para encontrarme con una erección ya dada por perdida desde el día que se cayó,  junto la Bolsa de Madrid. Por mucho que digan los  mayas para mí no hay “Happy End” mejor que un fin de semana y ver este domingo enroscarse en mis pies pidiendo su desayuno de lomo con carantoñas. En la ventana de la habitación el sol lame los cristales con luces de rechupete. El día tiene toda la pinta de esos días para vivirlos directamente sobre el original, nada de fotocopias. Así me levanté, con la firme convicción de no dejar adelantar por la derecha a mi pie izquierdo.

Mientras preparo mi pócima secreta – nada especial, café con unas gotas de ron amarillo- canto junto al Lichis…”el mundo ya no necesita otra canción de amor, pero yo sí”… y exhalo el humo del primer cigarrillo dejando en los pulmones un bordado de punto de cruz. En la mesita del salón, un par de  sobres vacíos de las facturas del agua o la luz, o simple propaganda, no sé, da igual, el caso es que no puedo evitar el vicio de usar el reverso de esos rectángulos desechables para probar mi puntería con la caligrafía. Escribo en uno de ellos: “Hazme el bien, aunque sea por las malas”… y en el otro, en mayúsculas: “HOGARITMOS” … Mientras  la banda sonora espera “Como Penélope en la estación del AVE” , yo me dispongo para salir y echarle una carrera al viento, a sabiendas de que éste hace trampas, pero no creo que hoy me vaya a faltar al respeto la meteorología.

De puntillas me deslizo por las caderas de Lanzarote. Por mucho que corra no consigo escapar de las polisílabas y se van aglomerando en mi sinapsis palabrejas desahuciadas del diccionario. No quiero pensar. Mi cabeza debería cambiar de “Dj”. Sigo corriendo, a  la vez que voy abriendo todas las ventanas de mi piel para que las toxinas puedan salir a tomar por culo. A ver si soy capaz de llegar hasta aquella edad en la que sólo conocía palabras más cortas, pero que duraban más. Volver a la raíz donde era feliz con nada; hasta las raíces que no se andaban por las ramas. Cada kilómetro es un mantra, pero mis piernas son demasiado cortas como para llegar al nirvana, no importa, tampoco me apetece saludar todavía a Kurt Cobain. Vuelvo a casa y luego le pediré a las gaviotas prestada un poco de orilla, para pasear a mi  “Kacho” perro.

Después de la ducha, preparo la comidita, escuchando ahora lo que canta “El Kankan”. Me divierte ver como la sopa no se corta un pelo, y el arroz qué bien que se lo pasa, hasta la cebolla llora de alegría y los mejillones se encuentran como en su salsa. Para la cena, dejo en remojo a Freud y unos pescados congelados con sabor a fresa. Espero en la terraza que la espuma de la cerveza suba por mis venas y, por fin, después de cuatro meses, consigo hablar con la vecinita, resulta que es una persona y no sólo un programa de televisión. Eso es una buena noticia, al menos suficiente para saltarme la siesta y quedarme hablando con ella hasta que la tarde va bajando sus brazos y el horizonte se va quedando frio. Aprovecharé los últimos instantes de luz ambiental para cultivar en los surcos de mis arrugas minutos de fotosíntesis y si me queda tiempo, pondré silicona en las juntas de las esquinas del corazón. El reloj, solidario él, me ha dicho que lo avise si me hace falta.

Llego a la noche entero y me siento valiente. Hoy voy  a llamarte. Si quieres puedo ayudarte a colgar los adornos de Navidad en tu sonrisa, puedo pasarle una manita a tu Portal  sin olvidar el pesebre del ombligo;  y colgar una estrella en la punta del abeto invertido que guardas bajo tus bragas. Si quieres, le damos caña al calendario y celebramos ya la Nochebuena. Hoy la Navidad está feliz

https://www.youtube.com/watch?v=57Cr9W-dEb8

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