A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


Dando cuenta a los cincuenta
febrero 27, 2014, 3:47 am
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Nací para ser un muerto con buena salud. Vengo de un árbol genealógico seco y de una hormiga de pan con aceite, que es como decir: soy el cigoto de una cigarra con resaca y de una higuera sin huerta. Por si acaso, me chupé toda la Via Láctea que pude del surtidor de mi madre con forma de Pezón de Gibraltar.

Crecí con levadura de escuela, un verano azul y una espada de madera con la que vencía cada día las guerras que perdía la noche anterior. Aprendí pronto a huir, dando vueltas a la redonda. Me hice de pintura, papel y gotelé. Fui un personaje de Dickens en versión española, un corto animado de bajo presupuesto, una peli porno para todos los públicos. Por aquellos tiempos, el mundo era sólo un balón de reglamento con sus costuras descosidas.

…“A veces me pierdo, buscando lo que tengo. Otras me da por viajar, del cuarto baño al sofá, o bien me crucifico en el lecho mirando para el techo. O hago zapping con mis planes, o escribo mentiras con tinta de saliva”.

Pronto llevaré medio siglo de viaje. Necesito una maleta para el exceso de equipaje. Un lastre de trastos y trastadas  que con el tiempo se les va cogiendo cariño. Me he convertido en una chatarrería de recuerdos oxidados por la falta de dueño. Una oficina de sujetos perdidos.

Sin darme cuenta, ya van los cincuenta… años con el mismo espectáculo, con sesiones diarias más la matinal de los domingos… y todavía no me aprendí el guión. Se me olvida con facilidad la letra de lo que te quería decir. Soy como el lienzo que se queda en blanco el día de la inauguración. Un poema que no mueve los labios ni para besar. El sueño que se quedó dormido.

Esto del vivir se va convirtiendo en un vicio. No importa, también soy un vicioso. Me gusta todo aquello de lo que no me puedo quitar. De las mujeres con sus problemas y sus cosas ricas, por supuesto. De las noches sin respuesta en Google. De la sonrisa tonta. Del café con tristeza y la cerveza bien fría. De los cuentos sin acabar. Del “El lado oscuro del corazón”, de Joaquín Sabina, Miguel Hernández y La Cabra Mecánica. De un pasado sin futuro. De la gente que es puntual y de las que te devuelven los libros y las llamadas.

Por cierto, no sé si te llegaría mi “whassap”… te lo envié bien enrrolladito en una bola de papel, como nos enseñaron en la EGB.

http://www.youtube.com/watch?v=SCgo3wbQS8k

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febrero 2, 2014, 10:03 pm
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charcuteria

Cuando escribo, mi caligrafía

se enreda entre los garabatos de tu pelo

y pierdo la cabeza apostando

a que todos tus sueños caben en mi cama

y que mi piel es de tu talla.

Nace la locura en el encabezado de este poema

y desemboca en los renglones torcidos de tus labios.

Pierdo la cordura y el formato al quitarme la ropa

y envuelvo mi esqueleto con tu carne de aire.

 

Sería más fácil robar que pedir limosna

ser el ladrón de tu noche de bodas

un delincuente bajo tu vestido

el homicida de tus tardes de domingo.

Pero sólo acepto lo que a ti te sobra.

No quiero nada que no sea mío.

 

Hazme un hueco entre tus noches donde guardar mis días.

Préstame tu boca para esconder mis palabras

y saltar al vacío desde el trampolín de tu lengua.

Enciérrame entre tus piernas abiertas

que soy el orate necesitado de tu abrazo

apretado

como una camisa de fuerza.

 

Sí, estoy loco, porque no quiero ser tu ángel.

Los ángeles existen, sí, pero son los padres.