A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


Hoy un Libro… mañana, Libre!
septiembre 26, 2014, 3:09 am
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Fotografía: CHEMA MADOZ

Fotografía: CHEMA MADOZ

Si ves que estoy enamorado de atar

átame a tu corazón de piedra

escríbeme a dedo, saca tu uña de guerra…

Pero no me suicides… no me ahorques de tu olvido.

Híncame el ojo, antes que desaparezca.

Sométeme donde te quepa.

Hazme tu hazmerreir

el chiste sacado de tu chistera.

Hazme un cuento entre tus palabras

un espacio entre tus letras

…para que el otoño no se caía de las hojas

…para que los sueños no se caigan de la cama

para que siempre me tengas

en la punta de tu Real Academia

de besos con Lengua

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septiembre 16, 2014, 12:04 am
Filed under: General
Fotografía de CHEMA MADOZ

Fotografía de CHEMA MADOZ

Contigo aprendí a vivir solo.

Contigo aprendí a echarte de menos, de los bares, de mi casa…

Contigo aprendí a escrivir sin fartas de hortografia

Contigo aprendí a escribir amor sin h… sin a… sin m… sin o… y sin r

 

Contigo aprendí a … romperme en ped ac it   o    s

Contigo aprendí a c
                                           a
                                          e
                                          r
                                          .
                                          .
Contigo aprendí a desap…

 



Trampa de colores
septiembre 11, 2014, 11:59 pm
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Trabajo como cuidador en un Centro de Menores. Horario nocturno. Una de mis funciones es evitar el trasiego de hormonas adolescentes entre una habitación a otra y, sobre todo, de un sexo al otro. Para ello, permanezco varias horas en una sala contigua a los dormitorios. Como imaginarán no es tarea ni interesante, ni divertida.

Sin llegar a ser cómoda, la salita no tiene mal gusto en su decoración. De la pared color vainilla cuelgan, en su mayoría, fotos de los menores acogidos, enmarcadas con la sobriedad y la eficiencia de IKEA. También hay dos cuadros, comprados en “ los chinos”, a juego con el color de la pared, de muy buen ver. Ambos representan fachadas de edificios antiguos, propios de principios del siglo pasado. Sobre todo uno, llama mi atención. Representa la esquina de una plazuela, a todas luces cerrada al tráfico. En su centro sobresale la cristalera brillante de un evocador café de la vieja Europa, donde pintado a mano se puede leer: “Spéciala tous le jours”…”Buffet a la carte”…”Chaud et froid”.

paris. relato 001

Desde mi asiento parece llegar el aroma de ese café en grano, el temple del horno encendido con su barriga llena de croissants… huele a canela en rama, chocolate fundido… el tufillo agridulce de una pipa encendida. Mientras más me concentro en los detalles más me alejo de mi asiento laboral y me dirijo hacia el acogedor establecimiento. La puerta de la entrada parece cerrada pero un cartel en ella advierte de lo contrario. Al abrir la puerta, el tintineo de una campanilla metálica advierte de mi presencia. Una temperatura reconfortante me da la bienvenida, pero de olores sugerentes nada… huele a recién pintado y ceniceros sin vaciar. Las mesas y sillas permanecen desocupadas, casi con cierto aire de aburrimiento. En una esquina, un ordenador encendido desentona con el mobiliario. Un garçon de bigote, pajarita, chaleco y delantal tras una barra de añeja madera maciza, ni se inmuta ante mi presencia.

Bonjour!…c´est ouvert?- pregunto en un tono cortés. Él, seguía inmutable- Il est possible un café au lait?… s’ilt vous plait!

O el camarero no entendía mi horroroso francés o simplemente era desagradable. Sin mediar palabra se dirigió hacia el fondo del mostrador, abrió una puerta y desapareció tras ella. Un tanto perplejo, decido encenderme un pitillo aprovechando estar figuradamente fuera del curre, aunque me percato que desde aquí, a través de la enorme cristalera, puedo observar qué sucede en la sala donde me aburría hace unos instantes. Ojo, una chica acaba de salir de su habitación y, tras cerciorarse que yo había dejado mi puesto de trabajo, se dirige a la habitación de los chicos. Rápido me dirijo hacia la puerta de salida…pero está cerrada. Doy unos golpecitos en la cristalera para que ella me oiga, me vea y persuadirla así de sus intenciones prohibidas. No me oye, parece. Vuelvo a intentarlo con la maldita puerta. Nada.

Desesperado llamo al camarero, me dirijo al lugar por donde se fue. Para mi estupefacción, la puerta sólo es una pintura en una sólida pared. Acudo de nuevo al escaparate frontal, golpeo con más fuerza, parece cristal blindado. Me siento atrapado, doy patadas contra la puerta, contra el cristal, sin resultados. Tomó una silla para estamparla contra la cristalera… son de poliespan… todo el mobiliario, compruebo, es puro atrezzo. Esto es una trampa, donde he caído como un conejo… Tan sólo el ordenador parece real y además, está conectado a Internet. Por eso, escribo con avidez desde hace algunas horas, esperando que alguien me lea y, ¡por favor! vengan a rescatarme de este dantesco cuadro… de esta cárcel de colores…