A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


Desfebreros…
febrero 18, 2015, 4:43 pm
Filed under: General

La nostalgia te quiere como nadie te quiso
y se te va de las manos
el caldo de los solitarios
un sábado recién duchado
tirado por el sofá.

El ojo clínico de la lavadora
diagnosticará déficit de sociabilidad
síntoma de musas usadas
con manchas de ausencia.
“Dio en el blanco la soledad”(Gracias Pepa)
Tratamiento recomendado:
Lavado en agua fría
con un programa corto.

La distancia, con sus gafas de lejos,
vislumbran fantasías de élite
asediando mi abstinencia
más turbado que de costumbre
me fumo un post
me cuelgo en facebook
… y me duermo

 

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(* Gracias a Mila Grossa por darme el pie…) 

– “Puedo adivinar por las arrugas de tu zapato cuánto tiempo hace que no te afeitas” – Me dijiste. Y yo miré para abajo, para comprobar que mis calcetines no se hablaban entre ellos. Sí, acaso una crisis de pareja, pensé. Porque, va a resultar, los calcetines son como las personas, muy difícil de mantenerlos enamorados para siempre jamás. Y es que la vida centrifuga a toda máquina.
– “Los sentimientos te huelen a pies desde que no los gestiona en compañia”- Añadiste… y a mí me dio por imaginarte dando un traspies hacía mi cama, por una zancadilla puesta por tus bragas en los tobillos.
– ¿Cómo llegamos hasta aquí?- Nos preguntamos ahora…  nuestros zapatos lo saben. Saben del desgaste de los toboganes, de alpargatas voladoras, de los botines que llegan a ser capitán de los columpios, saben saltar a la pata coja y de una vieja chancla sumergible hasta el fondo de los recuerdos. Saben como el tiempo es un chicle que se pegó a nuestras suelas, miéntras yo me sacudía su arena en el patio de mi casa y tú, antes de llegar a la tuya, guardabas en el fondo de tu bolso  cualquier paso en falso de la adolescencia.
Nos hicimos mayores cuando nuestros calzados empezaron a hacernos rozaduras, a apretarnos en la puntera… y cambiamos cordones por condones, a esgrimir tacones y cuero, botas altas con cremallera como escaleras automáticas,como ascensores de un centro comercial subiéndonos  a la planta más alta, allá donde los besos no supieran tanto a callejón y la ciudad pudiera descalzarse para correrse una juerga por tu cara bonita.
Pero llegaron los pasos de peatones,el  limpiarse bien en el felpudo de la entrada al piso, las babuchas calientes de los domingos -las tuyas de gatitos o conejito y las mias de perro-… y, al poco, los píes congelados en la cama.
 Nunca te esperas la patada, aunque hayas dejado tu corazón colocado en el punto de penalty… pero chutan, y te la meten por toda la escuadra. Ahora eres un zapato sin su par, vuelves a pisar charcos de tus propias lágrimas, mierda de perro en el salón, usas calzador para vestirte cada nuevo día, compras los calcetines al peso en los chinos, dejas de cortarte las uñas de los pies… menos mal, nuestros pies conocen de memoria la dirección, todo para adelante, y mientras dure la música habrá pasos de baile, quedará todavía restos de brillo en el charol lustrándose con sólo una mirada… y las plantillas devor-olor también resultan efectivas.
Escuché tu taconeo desde lejos, cuando mis zapatones de payaso ya se reian de si mismos. Ah!… otra vez ese olor a césped mojado, una pisada de mi misma talla, un roto a juego con mi descosido, una huella en los labios… y forramos de piel las noches.
Sí… nuestros zapatos saben más que nosotros. Saben que todo es caminar… caminar a la par, sabiendo que no somos necesarios, que podríamos resisitir descalzos, pero…¡ que bien nos quedan éstos zapatos!… al final, llegados a la playa, saben que ya no servirán para nada… allí esta el mar… seremos apenas unos huecos abiertos por la orilla, durante unos instantes, hasta que el mar, siempre sediento, llegué a bebérselo con una  ola…y adiós. Hasta siempre, amor…adiós.
 
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 Quédate con tu zapatito de cristal, que yo me quedo con las babuchas de mi madre calentándome el culo para dormir a gusto. Para ti las botas del gato capaces de saltar veinte lenguas, pero no me pises mis zapatillas nuevas de fútbol, que hoy voy a marcar un gol… No me compres unas Nikes que hayan pisado la infancia de un niño indio. No me quiero poner las botas a base de pisar sandalias, chanclas o pies descalzos…Mira como llora por sus cordones esos zapatos de cocodrilo.

A mi caliéntame los pies con tus pies, o con unos calcetines gordo de lana. Dame mocasines de los Pies Negros. Pantuflos no, que no me entran, no hay de mi talla. Por mucho que laves tus playeras, mi amor, no podrás evitar dar un mal paso, ni dejar de tropezar con esa misma piedra que te sigue donde vayas… Te pediría que te pusieras en mis zapatos, pero no que me los ensancha…me basta, como te dije, en que no me pises…

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Los pies de mi cama siempre van descalzos, rastreando el taconeo de un corazón de gamuza azul. Con pies de plomo, pisando con garbo una mierda -¡vaya suerte!- transito como peatón en este ajedrez que no sé jugar, dándole cuerda a las aceras que se enredan perdiendo el ritmo y el pulso a una ciudad antropófaga. Yo seguía las migas de pan duro en un cuento porno cuando, de súbito, me vi esperando en la cola de un tigre con ganas de mear y de llorar…

He ido enterrando caminos en los sarcófagos de mis zapatos, a un paso de caerme por las cunetas de la mente… Átame a tus cordones, porque ando desatado, paseando de la mano huesuda de mi calavera clamando por salir delante en las fotos. Ya no me espera en casa las babuchas. Será la vida mi única viuda. El suelo se beberá de un sólo trago mis huellas, brindando por el polvo que le dejaré como herencia. Regalo todos los viajes de Gulliver, la vuelta al mundo en 80 días.. yo me llevo la poesía, la que me inundó como un cáncer de arriba a abajo en una metástasis de amor… y nada más.!

 

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Hoy nos cruzamos… estabas tan feliz, que no me viste. Llevabas puesto ese atardecer que tan bien te queda, acompañada de una sonrisa mentolada en la sección de jardineria del Mercadona. Se te veía cultivar lirios y tulipanes con tu mirada. Yo… donde los congelados, anónimo cual Lazarillo de Tormes, como un extra en una superproducción, con una bolsa de alitas de pollo en la mano.

Podría haberme acercado para saludarte, pero ” se me fue el baifo” pensando qué dirían los estudios recientes de científicos en la universidad de Melboure, sobre esa suavidad tuya al agacharte y mirar el precio de unas macetas de cerámica. Raro es que a alguién le siente bien los halógenos despiadados de una gran superficie, pero tú siempre fuiste la excepción. Para mi que hasta tu flora intestinal se viste con primavera de alta costura. No me extrañaría, con tanto bifidus…

Esperé un poco más, entre el pan integral y unos bollos rellenos de crema, a que pagaras en caja y salieras, en efectivo, por las puertas automáticas, llevándote contigo este doce de febrero, cumple de Sabina por cierto… yo me quedo con la noche, bajo los efectos aun de un amor con sabor a gambas.

 

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-¡ Hay golpes de suerte que te dejan ingresada en un hospital!-…

-¿Me lo dices o me lo cuentas? contesté… Y me contaste cómo estuviste felizmente casada con el hombre del saco… con buena mano para los negocios sucios que luego te ponía encima, dejándola caer sobre ti con todo su peso de diamante en bruto… que te tenía entre algodones, mercromina y agua oxigenada… Pero, ya no, dices, que ahora prefieres estar sola a estar con compañías de seguros… que ya empeñaste sus regalos de pulseras metalizadas y la cadenita de oro perpetua… ya nunca Cupido volverá a clavarte por la espalda su flecha, me cuentas, que guardaste en el garage tu corazón de dieciseis válvulas.

Me cuentas… pero me cuesta creerlo. Recuerdo cómo te gustaban las pieles de asfalto, gasolina en las venas… supe que el amor para ti era un motor de inyección… nunca conocí una vagina con mayor cilindrada…

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