A muerte con la Vida… Blog de Jerónimo Mejías


agosto 22, 2017, 7:45 pm
Filed under: General

Ya mismo hará diez años que vivo en este barrio. Me gusta, porque esta cerca del trabajo. Apenas diez minutos caminando a paso sosegado. sólo tengo que cruzar un descampado y ya… Diez años yendo cuando los demás se van a dormir, y viniendo cuando los otros se despiertan. Casi siempre por el mismo atajo…

Recuerdo hace tiempo, en el Metro de Madrid, cómo quedé absorto mirando las piernas de una mujer sentada, ya mayor. No… no era nada sexual (para ello baste con aclarar que mi visión se focalizaba en la parte baja de los músculos isquiotibiales, es decir, la parte de atrás del muslo cercano a la rodilla). Sobre la cabeza de la mujer justo había un mapa de las líneas del Metro, las cuales, desde mi asiento, entornando un poco los párpados, aparentaba una maraña venosa que en mi opinión coincidía de pleno con el dibujo de unas vistosas estrias que esa mujer descubría en el lugar ya indicado… Recuerdo que me pregunté: ¿Cuántos años hace falta seguir el mismo trayecto para que la sangre somatice su memoria?… Recuerdo mi abstracción con la alegoría de esa mujer portando, tras muchos años de moverse en metro por la ciudad, el boceto del mapa circulatorio de su vida, el dibujo de su camino en la vida a modo de coágulo sanguíneo…

Quizás haya recordado eso porque empiezo a creer que, también a mi, se me empieza a grabar en forma de arruga, la cartografía de mis idas y vueltas al trabajo… ese camino que empieza en la sien izquierda, justo por donde empieza a quedar un solar abandonado, para bajar luego la cuesta hacía el entrecejo, pasando la vereda orbicular por donde pasean los perros y sus dueños, hasta perderse por un trecho que se pierde por la ceja derecha… Me miro en el espejo… Sí, definitivamente ahí queda reflejada la línea forjada paso a paso durante éstos últimos diez años, cruzando el descampado de mi rostro…

Y todo esto, me hace preguntar: – Si algún día me dejaras perderme entre tus arrugas…¿Dónde me llevarían?-

 

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Era aún un niño. Iba andando,distraído por la acera, cuando choqué contra una señal de STOP… Tomayá, un chinchón y una Epifanía… Lo tuve todo claro. Iba a entregar mi vida a los demás, y ayudar a los negritos del Domund…¡¿ Cómo?!… Volví a la señal de tráfico y volví a golpearme en la frente… Sí, ya lo tenía. Iba a pintarlos a todos de blanco y así ya no se morirían de hambre o enfermedades curables… Esto segundo no resultó porque el negro se puso de moda y ya nadie quiso estar blanco. Sólo me quedaba la primera opción… Y así llevo toda mi vida, intentando dar mi vida a los demás…pero nadie la quiere, dicen que es un fraude… Sí das algo gratis, no se fían. Si no te vendes, no vales nada… Moraleja: No hagas demasiado caso de las señales de tráfico…

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Recojo el casco vacío del domingo
las cáscaras de la ropa tirada
y las colillas
de cuando se esfuma el deseo.
.
Friego los platillos volantes de tu enfado
le paso la fregona a la conciencia
y estiro mis músculos de ultratumba.

Otro lunes en persona

la luz al final de un agujero negro
lo más corriente con los cables pelados
el recopilatorio de los mejores achaques
el último grito de la moda…

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Niña, cuando te vas, vuelvo a ser yo
dueño de mi obstentosa pobreza
propietario único de una tos
dominatriz sado de mi tristeza

Vuelven los fines de semana sin gol
la espuma del mar a las cervezas
la cruel tormenta de los rayos de sol
sobre vides para vino de mesa

Vuelven las ideas a tener dudas
el alma al gimnasio de la Vida
a entrenar sus poses y posturas

Vuelvo al cine de mi película
donde ya no soy el protagonista
soy el making off de la locura

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La madre que me parió
tenía matrícula de Sevilla.
No sé dónde coño voy
pero sé de qué coño vengo.
Vengo del espárrago y la tagarnina,
de los tiempos del verdeo y la peoná,
de los alcuciles rellenos y el pan con aceite y azúcar.
Antes del invento de la fregona
cuando se firmaba con el pulgar
y los pantalones eran de Tergal.

Vengo del cisco para la copita,
de los pajaritos fritos y los sabañones,
del aceite de ricino para los empachos
el “Bivaporub” para el pecho
el “Optalidon” para las abuelas
y la yema de huevo con coñac para el frío….

Soy de Morón de la Frontera,
de los Salesiano y la Cruz Verde,
fuí creciendo desde el Pozo Nuevo hasta la Alameda,
perdiéndome desde las Siete Revueltas hasta el Castillo
o la Peña, para terminar en una esquina de la Carrera
alimentándome de cañitas y chochitos del Retamares.

Me hice amigo de los del Pantano,
me peleé con los castilleros de S. Francisco,
me robaron el crucifijo de mi madre en el Polígono
y yo robé otro por la calle Romana.
Aprendí que las niñas eran de agua
en lo oscuro de los Palomitos
y que la soledad era un cine de verano
con sesión continua de Kung fu
y sabor a Pectoline y Celtas con boquilla…

Con todo esto, ya estaba preparado
para irme al mundo…y me fuí.
Nunca he vuelto…
o acaso nunca me he ido.
Porque el mundo es sólo otro barrio
para niños que nos perdimos
en el camino
de regreso a casa

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